viernes, 29 de mayo de 2015

Parábola de las cuatro humillaciones de la humanidad

Este era un mundo muy satisfecho de sí mismo: era centro eterno y estable del universo. Poblado por toda clase de criaturas, entre las cuales destacaba el hombre, hijo directo y dilecto de Dios, puesto allí para dominar todo lo creado, dueño absoluto de sí mismo, organizado libremente en sociedades naturalmente jerarquizadas según  la voluntad divina. Todo iba bien "en el mejor de los mundos posibles". Pero, jinetes en sus caballos apocalípticos: Física, Biología, Economía y Psicoanálisis, llegaron Galileo, Darwin, Marx y Freud.

El primero, Galileo, arrojó al mundo del centro del universo y lo puso a girar alrededor de una estrella común, en medio de miles estrellas. Los grandes de la tierra no podían aceptar que su mundo pudiese perder el privilegio de ser el centro y la razón de todo y quisieron execrar a Galileo de la faz de la tierra. Al final, humillados, más que humildes, tuvieron que aceptar la nueva verdad.

El segundo, Darwin, arrojó al hombre del centro de la creación, mostrándolo como resultado de una evolución natural anterior a su existencia, controlada por principios ajenos a él. Los depositarios de la divinidad no podían aceptar tan oscuro origen. Sufrieron su segunda humillación.

El tercero, Marx, arrojó al hombre del centro de su propia sociedad. Sus relaciones sociales resultaban apenas apéndices de sus relaciones económicas, su propia historia se desarrolla a espaldas y a sus expensas. Los amos de la tierra humillados por tercera vez.

El cuarto, Freud, arrojó al hombre del centro de sí mismo. Le demostró que sus actos,  sus impulsos, sus tendencias, tienen motivaciones inconscientes, a veces irracionales y que aún su mundo interior viene dado por causas incontrolables por sí mismo. Los dueños de la libertad recibieron  su cuarta humillación.

¿Qué sería de ellos ahora, despojados de una voluntad, de su mundo, de su origen, de su paraíso? Heridos en su orgullo, han preferido seguir inventando ilusiones, antes de verse como al principio, desnudos ante sí mismos.

Fuente: Gollo, Américo:Parábola de las cuatro humillaciones de la humanidad. Citado por Gutiérrez, Fabio (1996): Matemática, ciencia e historia. 

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