lunes, 30 de marzo de 2015

A saber: La Complejidad y la Forma. Capítulo 2



                 II Embriología e historia

              El autor nos menciona desde un principio, que la civilización egipcia contaba con una elaborada escuela de medicina, comentado la anécdota de la esposa de Nerón donde empolló un huevo de gallina entre sus pechos para determinar el sexo del feto que estaba gestando –la cual resulto acertada- entre otras historias, como que calculaban en las incubaciones –de huevo de gallina- la temperatura por medio de los parpadas, a pesar de esta forma rudimentaria se lograba resultados muy parecidos en comparación a la técnicas modernas para incubar.

                En esta misma civilización se ubica un culto a la placenta donde era concebida como “haz de luz” y “Sol”, destacando que Atón era el Dios del Sol, el cual en un momento de la historia -1400 A.C.- por el Faraón Amenosis IV lo intento de incluir como único Dios y dictó un himno donde se aprecia por primera vez la idea del embrión. Luego se transporta a la antigua India donde toman en consideración en el proceso de embriología cuatro elementos fundamentales presente en el embrión para dar inicio al desarrollo del ser humana a saber, el semen paterno, sangre menstrual –elementos físicos y orgánicos- el “atman” y el “manas” –elementos espirituales-. Esta cultura antigua describe este proceso de formación del humano en el vientre materno señalando que las partes duras provienen del padre y las partes blandas de la madre.

                Se realiza un paseo por algunos pensamientos de la antigua Grecia, sobre la creación del mundo en comparación con el proceso para el desarrollo del ser humano, por textos griegos, donde filósofos mantenían que el feto se alimentaba por la boca mientras que otros sostenían que se nutrían como una esponja, es decir que toda la estructura corporal absorbía los nutrientes, así mismo  490 – 430 a.c. Empédocles de Sicilia postuló la fuerza e influencia que podían tener la imaginación materna sobre el embrión para dar la explicación ha “monstruosidades” y a los gemelos.

                De igual forma el autor señala que Demócrito de tracia mantuvo que el útero era responsable para dar forma humana al feto aun así todavía se establecía la visión patriarcal donde la mujer no tenia tanta importancia para el desarrollo del feto a humano, de igual manera se sugería el arquetipo de Gea. Es notable indicar como lo hace Aranda, que los egipcios no consideraran como responsables de la procreación a la hembra, ya que la madre solo era el nido del feto. El autor menciona que Aristóteles incorpora unas series de ideas y conceptos para el campo de la embriología en sus famosas obras –Sobre las partes de los animales y Sobre la generación de los animales- así mismo él cuestiona algunos aspectos de la preformación y atribuye que algunos partes del desarrollo del embrión eran por sucesión en el organismo, por ejemplo el ánima –alma-. Galeno que apareció un tiempo –Silgo II D.C.- después contribuyó con ideas originales como lo fue la Tria principia.

                El autor nos presenta la teología y la embriología en relación con el momento de la aparición del alma, para algunos dirigentes de la Iglesia Católica el alma se pronunciaba en el feto en cierto tiempo –al primer mes o al sexto mes- mientras para otros el alma surgía desde un principio, para la tradición judía se pronuncia una dualidad donde el padre y la madre son igual de importantes para el desarrollo del embrión. Armando Anzalda nombra a importantes personajes de la historia como Tomas de Aquino y Alberto Magno, este ultimo realizó aportes interesantes en la embriología animal como lo fue el descubrimiento de islotes sanguíneos pulsátiles; luego nos menciona las contribuciones realizadas por Leonardo da Vinci como lo fueron sus grandes dibujos anatómicos y la función del cordón umbilical entre otros,  así como el importante aporte de Falopio y Eustaquio.


              En todo el capítulo se realiza un esbozo pasando por diversas contribuciones algunas enfrentándose a distintos pensamientos como lo fue cambio del preformismo al epigénesis y las controversias entre los ovistas y animalculista. También se denota una estructura por etapas para ir observando como ha evolucionado los pensamiento, estudios y formas de ver el proceso de la embriología desde antes hasta después de Cristo pasando por Aristóteles, el Renacimiento, Romanticismo, hasta épocas muchas mas tecnológicas.

jueves, 26 de marzo de 2015

Carta de Richard Dawkins a su Hija

Querida Juliet:

Ahora que has cumplido 10 años, quiero escribirte acerca de una cosa que para mí es muy importante. ¿Alguna vez te has preguntado cómo sabemos las cosas que sabemos? ¿Cómo sabemos, por ejemplo, que las estrellas que parecen pequeños alfilerazos en el cielo, son en realidad gigantescas bolas de fuego como el Sol, pero que están muy lejanas? ¿Y cómo sabemos que la Tierra es una bola más pequeña, que gira alrededor de esas estrellas, el Sol?La respuesta a esas preguntas es “por la evidencia”. A veces,
“evidencia” significa literalmente ver (u oír, palpar, oler) que una
cosa es cierta. Los astronautas se han alejado de la Tierra lo
suficiente como para ver con sus propios ojos que es redonda. Otras veces, nuestros ojos necesitan ayuda. El “lucero del alba” parece un brillante centelleo en el cielo, pero con un telescopio podemos ver que se trata de una hermosa esfera: el planeta que llamamos Venus. Lo que aprendemos viéndolo directamente (u oyéndolo, palpándolo, etc.) se llama “observación”.

Muchas veces, la evidencia no sólo es pura observación, pero
siempre se basa en la observación. Cuando se ha cometido un asesinato, es corriente que nadie lo haya observado (excepto el asesino y la persona asesinada). Pero los investigadores pueden reunir otras muchas observaciones, que en un conjunto señalen a un sospechoso concreto. Si las huellas dactilares de una persona coinciden con las encontradas en el puñal, eso demuestra que dicha persona lo tocó. No demuestra que cometiera el asesinato, pero además pueda ayudar a demostrarlo si existen otras muchas evidencias que apunten a la misma persona. A veces, un detective se pone a pensar en un montón de observaciones y de
repente se da cuenta que todas encajan en su sitio y cobran sentido si suponemos que fue Fulano el que cometió el asesinato.

Los científicos -especialistas en descubrir lo que es cierto en el
mundo y el Universo- trabajan muchas veces como detectives. Hacen una suposición (ellos la llaman hipótesis) de lo que podría ser cierto. Y a continuación se dicen: si esto fuera verdaderamente así, deberíamos observar tal y cual cosa. A esto se llama predicción. Por ejemplo si el mundo fuera verdaderamente redondo, podríamos predecir que un viajero que avance siempre en la misma dirección acabará por llegar a mismo
punto del que partió. Cuando el médico dice que tienes sarampión, no es que te haya mirado y haya visto el sarampión. Su primera mirada le proporciona una hipótesis: podrías tener sarampión. Entonces, va y se dice: “Si de verdad tiene el sarampión, debería ver….” y empieza a repasar toda su lista de predicciones, comprobándolas con los ojos (¿tienes manchas?), con las manos (¿tienes caliente la frente?) y con los oídos (¿te suena el pecho como suena cuando se tiene el sarampión?). Sólo entonces se decide a declarar “Diagnóstico que la niña tiene sarampión”. A veces, los médicos necesitan realizar otras pruebas, como análisis de sangre o rayos x, para complementar las observaciones hechas con sus ojos, manos y oídos.

La manera en que los científicos utilizan la evidencia para aprender cosas del mundo es tan ingeniosa y complicada que no te la puedo explicar en una carta tan breve. Pero dejemos por ahora la evidencia, que es una buena razón para creer algo, porque quiero advertirte en contra de tres malas razones para creer cualquier cosa: se llaman “tradición”, “autoridad” y “revelación”.

Empecemos por la tradición. Hace unos meses estuve en televisión, charlando con unos 50 niños. Estos niños invitados habían sido educados en diferentes religiones: había cristianos, judíos, musulmanes, hindúes, sijs… El presentador iba con el micrófono de niño en niño, preguntándoles lo que creían. Lo que los niños decían demuestra exactamente lo que yo entiendo por “tradición”. Sus creencias no tenían nada que ver con la evidencia. Se limitaban a repetir las creencias de sus padres y de sus abuelos, que tampoco estaban basadas en ninguna evidencia. Decían cosas como “los hindúes creemos tal y cual cosa”, “los musulmanes creemos esto y lo otro”, “los cristianos creemos otra
cosa diferente”.

Como es lógico, dado que cada uno creía cosas diferentes, era
imposible que todos tuvieran razón. Por lo visto, al hombre del
micrófono esto le parecía muy bien, y ni siquiera los animó a discutir sus diferencias. Pero no es esto lo que me interesa de momento. Lo que quiero es preguntar de dónde habían salido sus creencias. Habían salido de la tradición. La tradición es la transmisión de creencias de los abuelos a los padres, de los padres a los hijos, y así sucesivamente. O mediante libros que se siguen leyendo durante siglos. Muchas veces, las creencias tradicionales se originan casi de la nada: es posible que alguien las inventara en algún momento, como tuvo que ocurrir con las
ideas de Thor y Zeus; pero cuando se han transmitido durante unos cuantos siglos, el hecho mismo de que sean muy antiguas las convierte en especiales. La gente cree ciertas cosas sólo porque mucha gente ha creído lo mismo durante siglos. Eso es la tradición.

El problema con la tradición es que, por muy antigua que sea una
historia, es igual de cierta o de falsa que cuando se inventó la idea original. Si te inventas una historia que no es verdad, no se hará más verdadera porque se trasmita durante siglos, por muchos siglos que sean.

En Inglaterra, gran parte de la población ha sido bautizada en la
Iglesia Anglicana, que no es más que una de las muchas ramas de la religión cristiana. Existen otras ramas, como la ortodoxa rusa, la católica romana y la metodista. Cada una cree cosas diferentes. La religión judía y la musulmana son un poco más diferentes, y también existen varias clases distintas de judíos y de musulmanes. La gente que cree una cosa está dispuesta a hacer la guerra contra los que creen cosas ligeramente distintas, de manera que se podrá pensar que tienen muy buenas razones -evidencias- para creer lo que creen. Pero lo cierto es que sus diferentes creencias se deben únicamente a diferentes tradiciones.



Vamos a hablar de una tradición concreta. Los católicos creen que
María, la madre de Jesús, era tan especial que no murió, sino que fue elevada al cielo con su cuerpo físico. Otras tradiciones cristianas discrepan, diciendo que María murió como cualquier otra persona. Estas otras religiones no hablan mucho de María, ni la llaman “Reina del cielo”, como hacen los católicos. La tradición que afirma que el cuerpo de María fue elevado al cielo no es muy antigua. La Biblia no dice nada de cómo o cuándo murió; de hecho, a la pobre mujer apenas se la menciona en la Biblia. Lo de que su cuerpo fue elevado a los cielos no se inventó hasta unos seis siglos después de Cristo. Al principio, no era más que un cuento inventado, como Blancanieves o cualquier otro. Pero con el paso de los siglos se fue convirtiendo en una tradición y la gente empezó a tomársela en serio, sólo porque la historia se había
ido transmitiendo a lo largo de muchas generaciones. Cuanto más antigua es una tradición, más en serio se la toma la gente. Y por fin, en tiempos muy recientes, se declaró que era una creencia oficial de la Iglesia Católica: esto ocurrió en 1950, cuando yo tenía la edad que tienes tú ahora. Pero la historia no era más verídica en 1950 que cuando se inventó por primera vez, seiscientos años después de la muerte de María.

Al final de esta carta volveré a hablar de la tradición, para
considerarla de una manera diferente. Pero antes tengo que hablarte de la otras dos malas razones para creer una cosa: la autoridad y la revelación.

La autoridad, como razón para creer algo, significa que hay que
creer en ello porque alguien importante te dice que lo creas. En la
Iglesia Católica, por ejemplo, la persona más importante es el Papa, y la gente cree que tiene que tener razón sólo porque es el Papa. En una de las ramas de la religión musulmana, las personas más importantes son unos ancianos barbudos llamados ayatolás. En nuestro país hay muchos musulmanes dispuestos a cometer asesinatos sólo porque los ayatolás de un país lejano les dicen que lo hagan.
Cuando te decía que en 1950 se dijo por fin a los católicos que
tenían que creer en la asunción a los cielos del cuerpo de María, lo que quería decir es que en 1950 el Papa les dijo que tenían que creer en ello. Con eso bastaba. ¡El Papa decía que era verdad, luego tenía que ser verdad! Ahora bien, lo más probable es que, de todo lo que dijo el Papa a lo largo de su vida, algunas cosas fueron ciertas y otras no fueron ciertas. No existe ninguna razón válida para creer que todo lo que diga sólo porque es el Papa, del mismo modo que no tienes por qué creer todo lo que te diga cualquier otra persona. El Papa actual ha ordenado a sus seguidores que no limiten el número de sus hijos. Si la
gente sigue su autoridad tan ciegamente como a él le gustaría, el
resultado sería terrible: hambre, enfermedades y guerras provocadas por la sobrepoblación.
Por supuesto, también en la ciencia ocurre a veces que no hemos
visto personalmente la evidencia, y tenemos que aceptar la palabra de alguien. Por ejemplo, yo no he visto con mis propios ojos ninguna prueba de que la luz avance a una velocidad de 300.000 kilómetros por segundo, sin embargo, creo en los libros que me dicen la velocidad de la luz. Esto podría parecer “autoridad” pero en realidad es mucho mejor que la autoridad, porque la gente que escribió esos libros sí que había observado la evidencia, y cualquiera puede comprobar dicha evidencia siempre que lo desee. Esto resulta muy reconfortante. Pero ni siquiera los sacerdotes se atreven a decir que exista alguna evidencia de su historia acerca de la subida a los cielos del cuerpo de María.
La tercera mala razón para creer en las cosas se llama “revelación”. Si en 1950 le hubieras podido preguntar al Papa cómo sabía que el cuerpo de María había ascendido al cielo, lo más probable es que te hubiera respondido que “se le había revelado”. Lo que hizo fue encerrarse en su habitación y rezar pidiendo orientación. Había pensado y pensado, siempre solo, y cada vez se sentía más convencido. Cuando las personas religiosas tienen la sensación interior de que una cosa es cierta, aunque no exista ninguna evidencia de que sea así, llaman a esa sensación “revelación”. No sólo los Papas aseguran tener revelaciones. Las tienen montones de personas de todas las religiones, y es una de las principales razones por las que creen las cosas que creen. Pero ¿es una buena razón?

Supón que te digo que tu perro ha muerto. Te pondrías muy triste y probablemente me preguntarías: “¿Estás seguro? ¿Cómo lo sabes? ¿Cómo ha sucedido?” y supón que yo te respondo: “En realidad no sé que Pepe ha muerto. No tengo ninguna evidencia. Pero siento en mi interior la curiosa sensación de que ha muerto”. Te enfadarías conmigo por haberte asustado, porque sabes que una “sensación” interior no es razón suficiente para creer que un lebrel ha muerto. Hacen falta pruebas. Todos tenemos sensaciones interiores de vez en cuando, y a veces resulta que son acertadas y otras veces no lo son. Está claro que dos personas distintas pueden tener sensaciones contrarias, de modo que ¿cómo vamos a decidir cuál de las dos acierta? La única manera de asegurarse que un perro está muerto es verlo muerto, oír que su corazón se ha parado, o que nos lo cuente alguien que haya visto u oído alguna evidencia real de que ha muerto.

A veces, la gente dice que hay que creer en las sensaciones
internas, porque si no, nunca podrás confiar en cosas como “mi mujer me ama”. Pero éste es un mal argumento. Puedes encontrar abundantes pruebas de que alguien te ama. Si estás con alguien que te quiere, durante todo el día estarás viendo y oyendo pequeños fragmentos de evidencia, que se van sumando. No se trata de una pura sensación interior, como la que los sacerdotes llaman revelación. Hay datos exteriores que confirman la sensación interior: miradas en los ojos, entonaciones cariñosas en la voz, pequeños favores y amabilidades; todo eso es autentica evidencia.
A veces, una persona siente una fuerte sensación interior de que
alguien la ama sin basarse en ninguna evidencia, y en estos casos lo más probable es que esté completamente equivocada. Existen personas con una firme convicción interior de que una famosa estrella de cine las ama, aunque en realidad la estrella siquiera las conoce. Esta clase de personas tienen la mente enferma. Las sensaciones interiores tienen que estar respaldadas por evidencias; si no, no podemos fiarnos de ellas.

Las intuiciones resultan muy útiles en la ciencia, pero sólo para
darte ideas que luego hay que poner a prueba buscando evidencias. Un científico puede tener una “corazonada” acerca de una idea que, de momento, sólo “le parece” acertada. En sí misma, ésta no es una buena razón para creer nada; pero sí que puede razón suficiente para dedicar algún tiempo a realizar un experimento concreto o buscar pruebas de una manera concreta. Los científicos utilizan constantemente sus sensaciones interiores para sacar ideas; pero estas ideas no valen nada si no se apoyan con evidencias.

Te prometí que volveríamos a lo de la tradición, para considerarla
de una manera distinta. Me gustaría intentar explicar por qué la
tradición es importante para nosotros. Todos los animales están
construidos (por el proceso que llamamos evolución) para sobrevivir en el lugar donde su especie vive habitualmente. Los leones están equipados para sobrevivir en las llanuras de África. Los cangrejos de río están construidos para sobrevivir en agua salada. También las personas somos animales, y estamos construidos para sobrevivir en un mundo lleno de… otras personas. La mayoría de nosotros no tienen que cazar su propia comida, como los leones y los bogavantes; se las compramos a otras personas, que a su vez se la compraron a otras. Nadamos en un “mar de gente”. Lo mismo que el pez necesita branquias para sobrevivir en el agua, la gente necesita cerebros para poder tratar con otra gente. El mar de está lleno de agua salada, pero el mar
de gente está lleno de cosas difíciles de aprender. Como el idioma.

Tú hablas inglés, pero tu amiga Ann-Kathrin habla alemán. Cada una de vosotras habla el idioma que le permite hablar en su “mar de gente”. El idioma se transmite por tradición. No existe otra manera. En Inglaterra, tu perro Pepe es a dog. En Alemania, es ein Hund. Ninguna de estas palabras es más correcta o más verdadera que la otra. Las dos se transmiten de manera muy simple. Para poder nadar bien en su propio “mar de gente”, los niños tienen que aprender el idioma de su país y otras muchas cosas acerca de su pueblo; y esto significa que tienen que
absorber, como si fuera papel secante, una enorme cantidad de
información tradicional (Recuerda que “información tradicional”
significa, simplemente, cosas que se transmiten de abuelos a padres y de padres a hijos.) El cerebro del niño tiene que absorber toda esta información tradicional, y no se puede esperar que el niño seleccione la información buena y útil, como las palabras del idioma, descartando la información falsa o estúpida, como creer en brujas, en diablos y en vírgenes inmortales.

Es una pena, pero no se puede evitar que las cosas sean así. Como los niños tienen que absorber tanta información tradicional, es probable que tiendan a creer todo lo que los adultos les dicen, sea cierto o falso, tengan razón o no. Muchas cosas que los adultos les dicen son ciertas y se basan en evidencias, o, por lo menos en el sentido común. Pero si les dicen algo que sea falso, estúpido o incluso maligno, ¿cómo pueden evitar que el niño se lo crea también? ¿Y que harán esos niños cuando lleguen a adultos? Pues seguro que contárselo a los niños de la siguiente generación. Y así, en cuanto la gente ha empezado a creerse una cosa -aunque sea completamente falsa y nunca existan razones para creérsela-, se puede seguir creyendo para siempre.

¿Podría ser esto lo que ha ocurrido con las religiones? Creer en
uno o varios dioses, en el cielo, en la inmortalidad de María, en que Jesús no tuvo un padre humano, en que las oraciones son atendidas, en que el vino se transforma en sangre…, ninguna de estas creencias está respaldada por pruebas auténticas. Sin embargo, millones de personas las creen, posiblemente porque se les dijo que las creyeran cuando todavía eran suficientemente pequeñas como para creerse cualquier cosa.
Otros millones de personas creen en cosas diferentes, porque se les dijo que creyesen en ellas cuando eran niños. A los niños musulmanes se les dice cosas diferentes de las que se les dicen a los niños cristianos, y ambos grupos crecen absolutamente convencidos de que ellos tienen razón y los otros se equivocan. Incluso entre los cristianos, los católicos creen cosas diferentes de las que creen los anglicanos, los episcopalianos, los shakers, los cuáqueros, los mormones o los holly rollers, y todos están absolutamente convencidos de que ellos tienen razón y los otros están equivocados. Creen cosas diferentes exactamente por las mismas razones por las que tú hablas inglés y tu amiga Ann-Kathrin habla alemán. Cada una de los dos idiomas es el idioma correcto en su país. Pero de las religiones no se puede
decir que cada una de ellas sea la correcta en su propio país, porque cada religión afirma cosas diferentes y contradice a las demás. María no puede estar viva en la católica Irlanda del Sur y muerta en la protestante Irlanda del Norte.
¿Qué se puede hacer con todo esto? A ti no te va a resultar fácil
hacer nada, porque sólo tienes 10 años. Pero podrías probar una cosa: la próxima vez que alguien te diga algo que parezca importante piensa para tus adentros: “¿Es ésta una de esas cosas que la gente suele creer basándose en evidencias? ¿O es una de esas cosas que la gente cree por la tradición, autoridad o revelación?” Y la próxima vez que alguien te diga que una cosa es verdad, prueba a preguntarle “¿Qué pruebas existen de ello?” Y si no pueden darte una respuesta, espero que te lo pienses muy bien antes de creer una sola palabra de lo que te digan.

Te quiere,

Papá.

lunes, 23 de marzo de 2015

La Poesía de la Ciencia



Conversatorio titulado: La Poesía de la Ciencia. Con el astrofísico Neil deGrasse Tyson y el biólogo evolutivo Richard Dawkins.
Disfruten una de las ultima respuesta por Neil deGrasse Tyson merece un aplauso

domingo, 8 de marzo de 2015

Fotos: Ambiente.

Fotos cortesía: Villavicencio (2015).

viernes, 6 de marzo de 2015

En cuanto a: Personalidad rebelde.



El desarrollo de la personalidad desde los primeros momentos de la vida, resulta inseparable de la educación, correspondiéndolo a través del proceso educativo que se lleva a cabo no sólo en la escuela, sino en la importante misión de regular todo el proceso de educación de la personalidad de cada uno de los individuos (Pérez 2007). En tal sentido el docente esta involucrado en las múltiples personalidades que se pueden reflejar en un entorno académico. 

Durante las clases se nos presentan una agradable variedad de personalidades en los estudiantes, en ocasiones algunos profesores detectan con velocidad las actitudes que expresan las personas en un aula de clases o en una cancha deportiva pero en otras se dificultad esta observación detallada. Por lo tanto ubicamos textos informativos e investigaciones para tener en mano fuentes, al momento de expresar con fundamento la personalidad de cada estudiante.  Así encontramos a Bailly (2005) en un libro “ENSEÑAR: Una cuestión de PERSONALIDADES” aquí detalla con una descripción bastante acertada en cuanto a las características expuestas por los agentes involucrados en un aula de clases, es decir profesor y estudiante. Señala seis tipos de personalidades a saber el trabajomaníaco, el soñador, el Promotor, el Rebelde, el empático y el perseverante. Acompañado de como identificar, motivar, niveles de estrés de cada personalidad del estudiante y profesor.


Hablemos un poco sobre la personalidad del estudiante rebelde. Según Bailly (2005) para identificar a un estudiante en el área académica dentro de este marco posee unas característica a saber; un aspecto informal y original, aquí refleja un estilo básicamente único a diferencia de sus compañeros de clases; un lenguaje coloquial y grafico, acá su forma verbal para comunicarse en el ámbito educativo es de forma directa, con variedad de jerga, colocando apodos a terceros e iguales y  utilizando muchas metáforas para referirse a diversos eventos, vestimenta, profesoras, secretarios, momentos de la clase y compañeros; refleja una actitud que marca la diferencia, aquí los estudiantes con esta personalidad prefieren realizar varios actividades a la vez, siendo originales, innovadores y creativos, que al estar motivado es un agente activo en las clases, asimismo  establece una diversidad de relaciones sociales y académicas, otra característica es que en ocasiones puede expresar un comportamiento un poco impertinente.
Los estudiantes rebeldes –Según Bailly (2005)- muestran un semblante muy expresivo, desmarcándolo de los demás compañeros; a su vez es divertido, franco y astuto le agrada aprender a través de juego; al ser ingenioso sabe manejar los imprevistos. Para conseguir motivarlo el ambiente escolar debe ser dinámico, con continuas relaciones en el aspecto de intercambio de ideas, alegrías, comentarios humorísticos y cooperativas. Del mismo modo estimulado con eficiencia en sus trabajos académico.  

Así Bailly hace un viaje en las distintas personalidades de docentes y estudiantes, tomando en consideración una opinión personal y aplicable: Una clase debe de ser heterogénea. En efecto no se trata de conversar con un/a solo/a estudiante, sino de dialogar con una agradable corriente de personalidades que nos sumergen en un escenario del quehacer educativo.